En el camino

Juan Gabalaui*. LQS. Octubre 2019

El proceso de transformación de un animal omnívoro a uno vegetariano no es natural. Es un proceso racional y ético. No forma parte de una moda sino que es una acción basada en la reflexión

“Nosotras tuvimos que separarlas de los gallos porque no queríamos que las violaran“. Esta es una de las frases que pronunció una activista antiespecista en un video viral (1) muy criticado y caricaturizado en las redes sociales y sobre el que se han escrito algunos artículos en prensa (2), además de invitar a la activista a programas de televisión. El mensaje de explotación y maltrato de los animales en la cadena de producción alimentaria mundial quedaba oculto entre las bromas y el menosprecio de los contertulios desinformados e inconscientes del trato miserable que se da a los animales. Sin duda que el estilo de comunicación de la activista no ayuda y menos cuando la frase que comienza este texto es claramente antropocéntrica. La labor pedagógica es necesaria y por eso los mensajes se tienen que cuidar, trabajar los argumentos y convencer desde los hechos y su visibilización.

Estamos viviendo unos años en los que el número de personas que se consideran vegetarianas y veganas ha aumentado considerablemente, y esta explosión no se ha debido a expresiones como que los gallos violan a las gallinas ni a que los que comen carne son unos asesinos insensibles. El activismo animalista, que en países como Estados Unidos se enfrentan a años de cárceles (3), ha mostrado al mundo cómo funcionan las fábricas de producción cárnica, el sufrimiento gratuito e inhumano de los animales y su conversión en meros objetos de consumo que esconde una realidad de seres conscientes que sufren. Esta labor de concienciación ha abierto los ojos a miles de personas que nunca se habían preguntado de dónde provenía ese trozo de carne que estaba en su plato y, a su vez, ha ampliado una mirada ética sobre los animales que nos rodean y sobre cómo nos debemos relacionar desde el respeto por su naturaleza y por su derecho a una vida digna.

El proceso de transformación de un animal omnívoro a uno vegetariano no es natural. Es un proceso racional y ético. No forma parte de una moda sino que es una acción basada en la reflexión. Y a veces sorprende la cantidad de personas irreflexivas, irrespetuosas y agresivas en su forma de referirse a los que son como fueron ellos no hace mucho tiempo. Así no se ha convencido a tanta gente, incluidos ellos mismos, a modificar radicalmente sus hábitos alimentarios y cambiar su mirada hacia los animales. Una cosa es enfrentar a las personas a una realidad dura, dramática, violenta e insensible, como es el trato animal en la industria cárnica, e interpelarles y otra es insultar y despreciar ya no solo a los que comen carne, sino a los que reducen su consumo, o solo comen pescado o son vegetarianos ovolácteos. Lo que consiguen con esta estrategia es levantar los muros defensivos y el retraimiento, además de hacer un lavado de su propia conciencia excarnívora.

Las campañas de sensibilización y concienciación son necesarias al igual que poder acceder a los medios de comunicación con argumentos sólidos, y sin caer en los antropocéntricos ni en la emocionalidad pueril

Estos conversos hacen un flaco favor al activismo animalista, en un momento donde se empieza a intensificar el ataque y descrédito por parte de determinados periodistas, medios de comunicación y partidos políticos. Las personas que hemos optado por no comer animales y defendemos los derechos de los animales tenemos argumentos suficientes como para NO recurrir al enfrentamiento gratuito y descalificador. Si hoy hay más personas vegetarianas y veganas es por la capacidad para transmitir esos argumentos, para mostrar realidades cruentas y visibilizar la injusticia en el trato a los animales. Los insultos, basados en la infantil idea de Yo soy mejor que tú, bailan el agua a los ataques de los ultraconservadores contra los activistas animalistas y un modo de estar en el mundo que cada vez tiene más adeptos. No puede ser de otra manera. Los fanáticos se complementan con los fanáticos.

La estrategia de los animalistas ha sido y es eficaz. Las campañas de sensibilización y concienciación son necesarias al igual que poder acceder a los medios de comunicación con argumentos sólidos, y sin caer en los antropocéntricos ni en la emocionalidad pueril. Las imágenes descarnadas de la industria cárnica son éticamente inaceptables para una gran parte de la población. El reto es que puedan ajustar coherentemente lo que sienten y piensan con lo que hacen. Estamos hablando de modificar una naturaleza y una forma de pensar con respecto a nuestra relación con los animales. Es un complejo maridaje racional y emocional que nos hace más respetuosos y responsables con el mundo que nos rodea. Estamos en el camino.

Notas:
1.- Las gallinas violadas del santuario Almas Veganas
2.- El pasado de la creadora del santuario vegano en un matadero: «No era consciente»
3.- The Criminalization of Animal Rights Activism

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* El Kaleidoskopio

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