Khaos: Las caras de la crisis griega

La directora, Ana Dimitrescu, entrevistó por toda Grecia a sus habitantes, preguntándoles sobre las consecuencias de la crisis en su vida diaria. El documental presenta una realidad que deja estupefacto sobre los estragos de las imposiciones mortíferas de la Unión Europea.
 
Grecia se ha convertido en un país emblemático de las consecuencias de la crisis en Europa. Austeridad, planes de ayuda, manifestaciones con brutalidad policial alimentan regularmente la actualidad. Pero, más allá del balance de las cifras – tasa de paro y de suicidio multiplicados por dos, reducción de sueldo del 40 %- ¿ Estas imágenes mediatizadas, que significado tienen para los griegos en su vida diaria? La periodista Ana Dumitrescu, una antigua colaboradora de la agencia Gamma y de National Geographic, pasó cinco meses viajando por Atenas, Trikala, Meteoros y la isla de Kèa, para conceder la palabra al pueblo, sin guión previo ni selección de los habitantes entrevistados. Su documental, “Khaos, las caras humanas de la crisis griega,” no propone ninguna tesis, es una acta en un momento dado, un mosaico de testimonios de que aunan las intenciones de Panagiotis Grigoriou, historiador, antropólogo y ” blogger de guerra económica ” – blog sobre la crisis, “Greek Crisis Now”-.
 
Katherina es profesora de dibujo en una escuela de un barrio popular de Atenas. Explica que ve a sus alumnos llegar con hambre, que ella y sus colegas organizan colectas de alimentos. ¿Cómo podría pedirles a los niños comprar materiales artísticos?
 
Hay un restaurador que mira como las tiendas de la vecindad se cierran unas tras otras; un dentista sin pacientes que, a punto de llorar, contempla el exilio; una estudiante universitaria que no ve otra salida que irse al extranjero (entre 50.000 y 200.000 griegos diplomados ya se expatriaron hacia los Estados Unidos, Alemania y Australia); un obrero del puerto de Pireo explica la huelga que están realizando para luchar por el mantenimiento de los convenios colectivos y cuenta, sonriendo, los testimonios de solidaridad de la población que aporta para beber y comer- Gente de una fábrica de tabaco hasta envió cartones-. En la isla de Kéa, un marinero pescador cuenta que, antes, había 24 estaciones de gasolina en las Cícladas. Ahora quedan 4, y por eso debe gastar mucho dinero sólo para ir a reabastecerse de combustible. Un agricultor se pregunta si podrá sembrar el año próximo. El antifascista histórico Manolis Glezos, que en 1941 había arrancado la bandera nazi de la Acrópolis, a sus 90 años, sigue en la resistencia. Él aporta un análisis notable de la situación temiendo que la cólera degenere en un baño de sangre, sino se realiza una correcta organización de la acción política.
 
Ladrones de vidas
 
Más dramática es la imagen de una joven funcionaria griega sentada en el balcón de su edificio, amenazando con saltar al vacío después de haberse enterado de su próximo despido y el de su marido. “En Grecia, después de doce meses de paro, no recibimos nada más. ” Estamos como en un país en guerra, explica un transeúnte. No hay una sola familia que no tenga alguien que no esté tocado. ” La vida normal, es un cumplido, confirma profe de literatura, con 24 años de antigüedad y 900 euros de salario. Cosas simples, como comprar un libro, beber un café, son ahora imposibles”. ¡No es que nos quitaran nuestros empleos , sino que nos robaron nuestras propias vidas!
 
El espíritu de resistencia y de solidaridad del pueblo griego esta sin embargo muy vivo. En una plaza de Atenas, jóvenes instalan material de cocina y preparan comidas para repartir. ” Es también una acción contra el ministerio de la Salud, explican, que prohibió estas cocinas al aire libre supuestamente porque no pueden verificar las normas sanitarias. ¿ Y los cubos de basura, dónde la gente busca de qué comer, los verifican? Lo que quieren, de hecho, es romper todas las redes de solidaridad.
Los testimonios de Khaos, describen un retrato aterrador: el de de una población de un Estado miembro de la UE cuyas condiciones de vida se convirtieron en las de un país del Tercer Mundo, un tipo de laboratorio de destrucción programada de todas las experiencias sociales. “¿Y todo esto, por qué?” Pregunta un señor de avanzada edad. “¡No fuimos NOSOTROS los qué creamos estas deudas! ¿Somos los conejillos de Indias de un nuevo sistema de explotación económica?”
 
 Nota original:  http://www.ptb.be
 
 

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