Mesalina, ¿ninfómana?

Mesalina, ¿ninfómana?

Por Nònimo Lustre.

PROEMIO

When I use a word… it means just what I choose it to mean, neither more nor less. -The question is,’ said Alice, whether you can make words mean so many different things. -The question is…which is to be master, that’s all. (Lewis Carroll, Through the Looking Glass, 1872)

Viene a decir el popular diácono anglicano que el significado de las palabras depende de la voluntad del Amo. Por ejemplo, ¿qué significa Mujer? Para unos, representa ‘la mitad del cielo’ pero, para otros, es ‘la mitad del infierno’. Dependerá del Jefe que, en esa tesitura, subyugue la interpretación. Pues bien, una somera lectura de la Historia europea/mediterránea, desde la Antigüedad hasta la Contemporaneidad, nos enseña que la Mujer ha sido conspicua, sistémica y encarnizadamente preterida… Seguir leyendo, clic aquí

MESALINA, ¿NINFÓMANA?

Centro, banda drcha: Mesalina con su hijo Británico (Louvre, París) Izquierda, abajo: Eugene Cyrille Brunet. 1884. Messaline, fragmento de una escultura de 185 x 60 x 50 cm. Musée de Beaux Arts (Rennes, Francia)

En la afamada Antigüedad greco-romana, espejo de pulcritud democrática y custodia de la Gran Ética -no se rían, plis- y, concretamente en el nebuloso mundo del Gran Poder, ya dijimos que no había amor ni por encargo ni tampoco por cuestión de Estado. Todas y todos sus figurantes fueron una caterva de psicópatas que mataban a sus padres, madres e hijos como quien ahogaba unos gatitos sarnosos. Por ello, nos ha llamado la atención que, disponiendo de una plétora de candidatas/candidatos, viejos y viejas, efebos y bujarrones, niñas pre-núbiles, desquiciados o eruditos, la más leída de las Historias Sagradas insista desde hace milenios en que Mesalina era ninfómana. Más aún: fue la mayor Ninfómana Oficial del Imperio Romano.

Una purrela de historiadores de pacotilla encabezados por los inmarcesibles clásicos Suetonio, Tácito o Plinio el Viejo (vates retros, satanás) define a Mesalina como una “adolescente ninfómana”. Se puede ser más imbécil pero, en esta miniatura de la península asiática -lo de Viejo Continente ya no cuela-, encontraremos pocos casos de tan grosera sandez pregonada y cronificada. Mil veces nos hemos opuesto a que sean declaradas ninfómanas las reinas y/o emperatrices -e incluso algunas simples cortesanas en el doble sentido del término. Nos irritó cuando los cotillas aludían a la ruso-alemana Catalina la Grande o a Isabel II de España. Eran reinas con unos poderes absolutos que siempre están y estarán muy por encima -o por debajo- de las genitalias plebeyas. Sin embargo, hasta Lars Von Trier, uno de los Popes de la sedicente alta cultura europea contemporánea, clavó otro clavo en la majadería misógina al publicar en 2013 Nymphomaniac, triste ocasión en la que, so pretexto de haber sufrido un orgasmo espontáneo, certifica la (supuesta) ninfomanía de Mesalina.

En todo caso, Mesalina fue el hazmerreír de la corte cuando ‘contrajo náuseas’ con el proto-emperador Claudio, 30 años mayor que ella y tío del entonces emperador Calígula. Para recalcar su ‘amoralidad’, se dice que Mesalina persuadió a Claudio (¿cómo se persuade a un sátrapa absolutista?) de casar a uno de sus amores platónicos de niña, Cayo Apio Junio Silano, ¡con Domicia, madre de Mesalina! Pero su flamante padrastro no cedió; viéndose despreciada, Mesalina, tramó una conspiración que terminó en el año 42 con Silano siendo ejecutado por traición -riámonos de los sicoanalistas, en el Imperio romano jugaban con fuerza incluso los recuerdos más remotos; los encumbrados eran eternos adolescentes que movían los cadalsos para saldar viejas cuentas infantiles.

Asimismo, en el agitado orden amoroso, Mesalina deseaba a un actor pero este amaba a Popea Sabina la Mayor. Mesalina también envidiaba los magníficos jardines de Lúculo, propiedad de Asiático así que, para satisfacer ambos caprichos, acusó falsamente a Popea de ser amante de Asiático -esta maledicencia provocaría el suicidio de los dos infelices.

Para desgracia de la objetividad y triunfo apabullante de la bobería, es lamentable que, en el nutrido anecdotario de Mesalina, la anécdota más pregonada sea la de un torneo erótico que, dícese, fue promocionado por la emperatriz “de legendaria lascivia”. Las putas (sagradas) aceptaron el reto y enviaron como su representante a la meretriz más famosa de Roma, Escila la siciliana (Scila y Caribdis, nombres frecuentes en la Odisea) quien se tragaba enteros a los hombres que tripulaban los barcos que pasaban por el estrecho de Mesina. Aquella noche, después de haber sido poseída por 25 hombres, Escila se rindió y Mesalina salió victoriosa pues superó la cifra al llegar al amanecer y seguir compitiendo. Según se dice, aun después de haber atendido a 70 hombres no se sentía satisfecha, llegando hasta la cifra ¿increíble? de 200 hombres -lo siento, Divino Marqués de Sade, te quedaste corto en tus delirios.

Datos brutos comparativos: en 1999, la actriz porno Houston, se acostó con 620 hombres sin interrupción aunque se chismorrea que los ‘afortunados’ sólo fueron un centenar. Por su parte, el inefable Guinness registra que el flamboyante título de la mujer con más relaciones sexuales en un día, le pertenece a la actriz porno Lisa Sparks, quien tuvo sexo con 919 hombres en 24 horas, con pausas de 58 segundos entre cada uno.

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