La ‘B.A.’ de Miguel Ángel Villarroya, Jefe del Estado Mayor de Defensa

Así como la solidaridad debe ser voluntaria y no impuesta, la ayuda humanitaria debe ser civil y no militar. El ejército es inhumano, es guerra, es muerte… es nocivo por definición…

Estimado Miguel Ángel, me dirijo a ti públicamente, ante la imposibilidad de hacerlo de forma privada (ya sabes que lo he intentado sin éxito). Además, espero que este sea sólo el primero de una serie de escritos dirigidos a ti, aquel amigo del Alverna, del escultismo, los capuchinos, vaya del «cau».

¿Qué estás haciendo Miguel Ángel? Lo de la «buena acción» diaria que nos enseñaba el escultismo (la B. A.) ¡no se refería a eso! Pero… ¿qué haces? ¿Qué haces cada día saliendo en los medios tú y los jefes de los cuerpos policiales, jugando a no sé qué y conchabado con los que actualmente son los máximos exponentes de la inutilidad, Pedro Sánchez y Salvador Illa? Y todo, ¿para explicarnos qué? ¿No crees que deberían ser los científicos, los médicos y los sanitarios quienes nos den las explicaciones?

¡Que esto del COVID-19 no es ninguna guerra! que te han enredado, que es una pandemia y que no necesitamos para nada a tu Felipe Uve-Palito o «primer soldado» como dices tú. Eso sí, los beneficios de las operaciones presuntamente fraudulentas del Juanca-Palito y la fortuna ilegal de la familia irreal sí irían bien en estos momentos.

No, Miguel Ángel, no necesitamos para nada tus ejércitos, ni tu «Operación Bslmis» (yo le propondría la «Operación Valmàs» de «vale más que os vayáis»). Por no hablar de la hipócrita ayuda humanitaria de tu ejército, mientras el Estado trafica con armamento, el capital invierte obteniendo beneficios de la muerte y tu Jefe o su padre quizá también cobrando comisiones. Así como la solidaridad debe ser voluntaria y no impuesta, la ayuda humanitaria debe ser civil y no militar. El ejército es inhumano, es guerra, es muerte… es nocivo por definición.

Quien tú ya sabes estuvo muy sorprendido que quisiera hablar contigo, y me recordaba mi pasado, cuando a finales de los 70 me declaré objetor de conciencia y después insumiso, pasando a formar parte de la lucha antimilitarista, como si esto fuera un impedimento o una mancha negra. Pues te tengo que decirte que estoy contento de este pasado mío, que sigue siendo presente. No sé si lo estarás tú de ti y de toda la quincalla que llevas en el pecho, y si no rectificas a tiempo tu presente, quizás sí que te supondrá una mancha negra difícil de limpiar en un futuro.

¿Has estado en la India? No en su espacio aéreo. En tierra. Por ejemplo, en la zona donde Vicente Ferrer construyó su sueño y su gente sigue ayudando a cerca de tres millones de personas de forma directa y beneficiando a otras de forma indirecta. Y todo esto él solo, con su pequeño ejército civil (en el año 83 los voluntarios nos contábamos con los dedos de una mano). Ahora ya con más de un millar de trabajadores y decenas y decenas de voluntarios y con una milésima parte de vuestro presupuesto, hacen infinitamente más trabajo tanto cuantitativa como cualitativamente, que la que han hecho todos tus ejércitos en las supuestas tareas humanitarias.

Pues sí, este mi particular descubrimiento de la India a principios de los años 80 y el de Vicente Ferrer y su sueño, también forman parte de mi pasado. Y cuando veo a jóvenes que, gracias a lucha por el reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia de los años 70 y 80, ya no están obligados a aprender a matar, y en vez de perder el tiempo haciendo el «Servicio Militar», los encuentro en Anantapur ayudando a hacer realidad un proyecto de desarrollo integral y el sueño del Vicente de acabar con la pobreza de la India, entonces Miguel Ángel, entonces me siento doblemente contento de esta simbiosis.

Yo voy a menudo, ¿quieres venir cuando todo esto haya pasado? Está claro que allí no hacen falta aviones, ni tanques, ni armamento, ni generales … Pero si  Vicente estuviera aún con nosotros, diría: «¡que venga Miguel Ángel!, algo le haremos hacer». Él sabía que no había ninguna persona que ante aquella realidad no se le abriera el corazón. Vicente era sencillamente profundo, como cuando decía «cada vez que ayudamos a un pobre le deberíamos pedir perdón».

Miguel Ángel, no sé si estás muy acostumbrado a pedir perdón, pero lo que sí sé es que mientras te gastes el dinero de los sintecho en cuarteles; el dinero de la educación en adoctrinar y adiestrar para la guerra; el dinero de la sanidad en la compra de tanques y aviones; el dinero de la investigación en laboratorios para el descubrimiento de nuevas armas cada vez más mortíferas; el dinero del bienestar de nuestros mayores en sueldos para mantenerse los militares y toda vuestra parafernalia; mientras hagáis esto, Miguel Ángel, no avanzaremos. Desgraciadamente tus barcos no sirven ni para salvar vidas en el Mediterráneo y tienen que salir iniciativas como Open Arms para rescatar hombres, mujeres, niños y niñas de la desesperación. Estáis pensados sólo para matar y para destruir y vivís tan alejados de la realidad que sois incapaces de percibir que los tiempos ya han cambiado.

¡Ah!, por cierto, te recuerdo que el médico militar Francisco Javier Balmis, y la expedición a quien pretendes homenajear, llevaron la vacuna de la viruela al continente americano y a Filipinas mientras que tus ejércitos y la «Operación Balmis» no han llevado ninguna vacuna para el coronavirus, ni han sido capaces de llevar «test rápidos», ni siquiera mascarillas cuando se han necesitado.
Miguel Ángel, queremos vivir tiempos de PAZ, por eso quiero terminar pidiéndote que te plantees la desaparición de tus ejércitos, sencillamente por su inutilidad e intrínseca nocividad. Podremos dedicar entonces vuetro elevado presupuesto a necesidades reales de nuestra sociedad. Espero hacerte llegar pronto otras reflexiones al respecto, por parte de personas que trabajan por la PAZ y que seguro podrán poner un poco de luz en medio de tanta oscuridad.

Espero tener la oportunidad de hablar contigo en breve.

Salud y rebelaos!

* Doctor en Derecho Penal. Miembro de la Iniciativa “Silenci… rebel·leu-vos!”
Nota original publicada en El Punt Avui
Traducción para LoQueSomos de Leticia Palacios

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