Locos que pasean

Pero ya no hay locos
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego, aquel estrafalario fantasma del desierto y… ni en España hay locos. Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.
Oíd… esto,
historiadores… filósofos… loqueros…
Franco… el sapo iscariote y ladrón en la silla del juez repartiendo castigos y      premios,
en nombre de Cristo, con la efigie de Cristo prendida del pecho… (*)

 

Con este inicio del poema de León Felipe, volvemos a publicar versos de nuestro compañero Francisco Rodríguez Amorín, para  afirmar que sigue habiendo locos poetas, soñadores de verso armados de pluma y utopia… La Redacción.

 

Habla para ti.

Las palabras escapan de una boca sin dedos.

En sus recuerdos, el eco del universo y el infierno,

se hilvanan por entre la soledad y el duelo.

De frente, sobre la peana ajada de su dignidad, mira.

Las argucias de razones y sentimientos,

reclaman el discurso, para la alegría y la algarada.

Posesivos con interjecciones, mezclas de adjetivos

y subjetivos, delirios para los trinos y los pares,

que donde encuentra no busca, que donde alardea

encoge los corazones.

Para un público desleal que no se detiene, de hileras sin fin,

hormigas a los braseros.

Nones.

 

Enajenación desparramada.

Es de gran noticia, el desacierto como el embeleso,

que en materia de diversiones y de desorden…

las palabras fluyen, caudal

río, borde…

con regusto de sabor a queso.

 

Inámica caótica.

Entre fractales de neuronas, siguiendo

los atractores, extraños, perversos,

ajustando los cordones al movimiento,

se desdibuja en un juego de recuerdos,

para conjugar desde verbos a deseos…

La colección de amores sin permisos,

escrita dentro de los paladares

con sabores rotos de vino, para un verso ciego,

mudo, lleno de miedo.

 

Causa.

Puré amarillento, que alimenta,

inclinando los motivos o las razones.

Caminos angostos rellenos de poco entendimiento,

cocinados en sartén y servir fríos.

 

Efecto.

De donde los libelos sitúan la causa, como

aun sin saber el orden y la gramática,

peleándose con el tintero acaso ocioso

de palabras mayores decapitadas.

 

Primera.

En el acto de esconder la intención, la sonrisa retuerce la mueca desesperada del miedo.

 

Hermenéutica.

Traducida la dialéctica a la estética, se nos ahoga

la laringe, como consecuencia de un empleo mal pagado;

ya puedo disimular escondiendo la discapacidad.

Nacidos libres, nacidos para matar, los rebaños consumen

belleza sublime y orden: “Ignis ardens”.

Elecciones yuxtapuestas de enemigos, con preponderancia

de la traición y el desenfreno, encuentros apocopados en discursos

diminutos.

Conciencia determinada por su ser, como sujeto en frases

de adición; donde multiplicar enciende la serenidad de lo cierto,

adornando el reposo con “Piezas de una canción”.

 

Pasado.

Proactivos como la búsqueda de un clavo donde agarrarse,

la cascara, la forma, solo la forma, nunca hay más que forma,

estropeada por la rutilante vuelta a lo conocido, es ahí donde las espaldas descansan.

Neuronas mecidas en hamacas deshilachadas, las cuerdas aposentadas

de un oscuro y penetrante deseo de ser más o mejor.

Esclavas y esclavos uncidos en cuero negro y mansedumbre, los veo

comunes o lugares, estoicos posesivos de iletrados estandartes.

Para ti, te dejo en prenda, las vísceras de un animal destrozado.

Escuchad.

Prestad atención.

Releed los versos del revés.

Cangrejo de rio autóctono desaparecido.

 

Poder omnímodo.

De donde un dios de menor estatura los hecho, para en haciéndose

orden y estado, beatificarlo. Por como dicto, en un punto exacto,

la aquiescencia consuetudinaria, básica, de la raptada Europa geográfica.

No se puede contar los hilos, los poliedros, esquinas o pasillos…

que se alargan o se reducen como planos desde donde saltar y darse de bruces,

sintiendo un miedo valeroso, un valor miedoso, para cantar una vez recuperada la razón.

Melodías espectrales de legiones de esqueletos que una vez recorrieron,

de occidente a oriente, un camino lleno de venenos y plantígrados.

En los desvaríos razonados, encontramos diamantes que relucen apagados,

y sus aristas talladas en minuciosos desfiles de horas, salen con hambre.

Me levanto y a mi alrededor solo veo un páramo yermo, con los frutos rebosantes

de agua y azúcar.

Desde Roma con alardes del pasado, donde hincar las raíces de naciones de primera,

aún se arrodillan ante mi presencia. Seré magnánimo, la próxima guerra

no os afectara demasiado.

No me vengas con vágatelas de derechos, de necesidades, de niños, de mujeres, de hombres;

no tengo alma, ni recuerdos, tengo un poder omnímodo, y lo empleo.

Si tu no lo notas, no es que desaparezca, solo cambio mi aspecto…

eres el detrito de mi historia.

Si te hablan de salvar la nación, te hablan de mí.

Si te hablan de hundir la nación, te hablan de mí.

Si están mudos, te hablan de mí.

Omnipresente.

Ommmmm.

 

Francisco Javier Rodríguez Amorín

Rodriguezamorin(arroba)yahoo.es

* Pero ya no hay locos

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Nos obligan a molestarte con las "galletitas informáticas". Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar