Los Bunun: ¿conflicto entre indígenas y medio ambiente?

Nònimo Lustre*. LQS. Mayo 2021

Hace pocos días, me llamó la atención un despacho de la agencia AFP que rezaba: Taiwán. Tribus indígenas esperan que tribunal proteja sus tradiciones de caza. El Tribunal Constitucional de Taiwán emitirá su veredicto sobre si la actual legislación viola los derechos de las comunidades indígenas. La nota informaba que, ocho años atrás, Talum, un indígena del pueblo Bunun, había sido condenado a 3,5 años de cárcel por haber matado a un ciervo muntjac con un fusil “modificado”. Talum arguyó que lo hizo porque cuida a su madre y que ésta, a sus 99 años, sólo gusta de la carne de cacería.

Primera manipulación de los hechos: Talum no posee un fusil modificado sino que caza con una espingarda tradicional fabricada con tubos viejos y tallada a mano. Pero muchos lectores habrán creído que ese indígena del centro montañoso de Taiwán tiene un ¡fusil! que, encima, ha modificado quien sabe si dotándolo de rayos laser o balas de uranio empobrecido.

El territorio bunun, en rojo. Un «clic» para ampliar

Asimismo, el tribunal debía dictaminar si la condena a Talum discrimina a los indígenas y, por tanto, es inconstitucional. Porque, con las leyes actuales, los cazadores indígenas solo pueden utilizar extra-oficialmente armas artesanales –que, según ellos, son peligrosas- y sólo pueden cazar en días específicos con autorización previa. El Supremo ratificó el fallo de los tribunales inferiores pero, simultánea y sorpresivamente, pidió al Tribunal Constitucional que decidiera si la actual legislación viola los derechos de las comunidades indígenas –en 2017, por decisión de este alto tribunal, Taiwán fue el primer país de Asia en legalizar el matrimonio del mismo sexo así que, si tan inclusivo y tolerante es, bien pudiera haber respetado los derechos colectivos de los Bunun.

Los indígenas (menos del 3% de los 23 millones de taiwaneses) padecen las lacras comunes a todos los indígenas del mundo: marginación, sueldos irrisorios, paro monumental, los peores indicadores de salud, etc. Pero albergaban algunas esperanzas de que el fallo del Constitucional les favorecería aunque sólo fuera por la fama de que Taiwán es un país democráticamente avanzado e incluso porque la presidenta Tsai Ing-wen pidió perdón en su día a los pueblos indígenas -presume de que su familia es indígena Hakka, un pueblo regado por el mundo, donde hay unos 60 u 80 millones de Hakka aunque no todos hablan su idioma; y son tan notorios en la historia de China como para afirmar que “Sin chinos, dejaría de existir el mundo y sin Hakka, dejaría de existir China”.

El fallo (en doble sentido) del Constitucional

¿Serán requisados estos restos de las cacerías, orgullo de las viviendas Bunun?

Sin embargo, con fecha del 07.mayo.2021, el Constitucional ha fallado en contra de los indígenas. Y añadiríamos: y también en contra del sentido común porque ha admitido que, como había dictado en anteriores sentencias, las restricciones impuestas a los indígenas con inconstitucionales pero… concluye que las consolida porque la protección del medio ambiente está por encima de los derechos colectivos de los indígenas.

Esta panorama judicial no es exclusivo de este pequeño pueblo –pequeño para las cantidades chinas- sino que es un horizonte universal; por eso estamos tratando el tema bunun, porque encierra enseñanzas mundiales. Y si esto le ocurre a un pueblo ‘modernizado’, imaginemos lo que les sucede a los otros indígenas; por ejemplo, a los analfabetos que ignoran las lenguas y las mañas de los Estados. Estamos, pues, ante el enésimo conflicto entre los indígenas y la Naturaleza, un debate tan universalmente artificioso como artificial. El estamento jurídico taiwanés -y también el mundial- no comulga con la evidencia científica de que esos pueblos son los mejores conservadores de la Naturaleza. Tampoco quiere ver que los Parques Nacionales, aquí y en todo el mundo, han devorado la mayor parte del territorio ancestral bunun con los consiguientes pleitos sobre la caza, la pesca y la recolección –ahora, para todo ello, los Bunun necesitan permisos.

«The constitution recognises both the protection of indigenous people’s right to practice their hunting culture and the protection of the environment and ecology», declaró Hsu Tzong-li, presidente del Constitucional. Pero, a la hora de firmar el fallo definitivo, consideró que la tradición y la ecología eran las dos caras de la moneda pero, quizá al echarla al aire, salió ganando la ecología. Otrosí, ¿por qué redacta su ukase diciendo proteger el environment y la ecology como si fueran una pareja de hecho de sinónimos o parónimos?, ¿qué entenderá por ecología el eminentísimo Hsu Tzong-li?

Item más, a aquella primera manipulación de los hechos, se une hoy la manipulación del lenguaje. Porque ahora los Bunun son aherrojados pero el Estado lo hace “por su bien” -¿quién bien te quiere te hará sufrir? Por ello, el Constitucional les prohíbe el acceso a los fusiles propiamente dichos obligándoles así al uso clandestino de sus espingardas pese a que Talum y sus parientes declaran a toda hora que «Deberíamos poder utilizar buenas armas porque nuestras escopetas caseras son peligrosas pues se disparan solas”. Pero ni caso, el más alto tribunal los quiere primitivos e ilegales; los quiere carne de multas y de presidios.

¿Y quiénes son los Bunun?

Antes eran así

Su población asciende a unas 50.000 personas (aprox. 8% del total de indígenas taiwaneses) constituyen una de las 16 o 17 indigenous tribes oficialmente reconocidas. Y tuvieron la (mala) fama que sufren todos los indígenas del planeta pues estuvieron difamados por suponérseles caníbales, cazadores de cabezas, nómadas, xenófobos, belicosos, etc. Lo único cierto es que, durante la ocupación japonesa (1895-1945), los Bunun se opusieron a los nipones mediante una guerrilla que duró veinte años. Aquella guerrilla estalló por una ley que nos recuerda los incidentes actuales: en 1914, la potencia invasora les requisó sus escopetas tradicionales –después, en la II Guerra Mundial, las relaciones entre los Bunun y los japoneses habían cambiado tanto que hasta hubo regimientos bunun integrados en el ejército del Sol Naciente.

Luego, llegaron los misioneros cristianos y, a su zaga, el Kuomintang expulsado de la China continental (1945) El KMT implantó la política de “Una lengua, una cultura” y, en consecuencia, obligó a los Bunun (o Vonum) a que hablaran el mandarín estándar como medida feroz pero efectiva para acabar con la cultura bunun. No lo consiguió… del todo y este pueblo sigue rigiéndose por el calendario lunar y conserva una escritura propia desde hace mil o dos mil años –obviamente, los Bunun no responden al estereotipo de los indígenas analfabetos. Son cazadores vestidos con cueros de cabras y ciervos decorados con rombos; estos motivos geométricos imitan el lomo de serpiente de cien pasos Deinagkistrodon acutus, un crótalo venenoso; aunque otras fuentes sostienen que simbolizan el aviso de las esposas animando a que sus esposos corran más rápido que los ciervos. Y siguen celebrando como su Mala-Ta-Ngia (Ear-shooting Festival, en abril o mayo), fiesta máxima que incluye docenas de competiciones, entre ellas la que premia al arquero que mejor haya acertado en la oreja del cerdo.

Ahora, hasta tienen bandera étnica

Tiene maldita la gracia que el Constitucional haya golpeado en mayo a este pueblo, justo cuando el damnificado cazador Talum seguramente quería asistir al Mala-Ta-Ngia. Incluso aunque la ignominiosa sentencia le hubiera sido benigna, no hubiera podido llegar con un cerdo de cacería porque está prohibida la caza de esos ‘jabalíes’ pues están catalogados como especie protegida. Un antropólogo nos cuenta que llegó a los prolegómenos del Ear-shooting Festival y, cuando vió diez gorrinos listos para el destaze, preguntó si eran ‘mountain pigs’, insidiosa cuestión que fue respondida con una risa generalizada: “¿Estás loco, quieres que nos arresten?” (Fritz Mendehlson 2018)

La modernidad: minifaldas en la fiesta del Mala-Ta-Ngia

Si los Hakka de la Presidenta se vanaglorian de ser el alma de China, los Bunun son más modestos puesto que son menos numerosos. Pero, al igual que los chinos no tienen refranes sino proverbios, este pueblo también tiene dichos intrínsecos a la sabiduría popular. Dos ejemplos, “La boca es como el ano” (ambos son embarazosos, es mejor el silencio) o “Las garras afiladas del oso suelen estar agazapadas” (equivalente a ‘los perros mudos son los que muerden’)

Finalmente, los Bunun no solo poseen una escritura milenaria que les aleja de los consabidos prejuicios indigenófilos e indigenófobos sino que, además, se han adaptado a eso que llaman ‘modernidad a la occidental’ hasta el punto de contar entre sus filas hasta con Drags Queens. Una dellas es Vilian (29 años) conspicua participante en algunos drag-show habituales de los viernes nocturnos en Taipei. La susodicha, se presenta con una negligée de seda blanca bailando al son de una canción tradicional bunun siendo, obviamente, aplaudida frenéticamente por sus paisanos que ven en su espectáculo una buena manera de reivindicar los derechos inherentes a la diversidad de género.

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