Tentáculos

Juan Gabalaui*. LQS. Marzo 2021

Las contradicciones forman parte del ser humano pero si se refieren a los derechos y libertades estamos hablando de incumplimientos o violaciones. En el Estado Español existe libertad de expresión pero si criticas, te mofas o denuncias a la monarquía no existe libertad de expresión

Dice Serge Halimi que el que las GAFAM (1) hayan cerrado el pico al presidente de los Estados Unidos da la medida del vertiginoso poder que han adquirido. Jack Dorsey, CEO de Twitter, tuiteó sobre el cierre permanente de la cuenta de Donald Trump afirmando que se ha sentado un peligroso precedente: el poder que un individuo o corporación tiene sobre una parte de la conversación pública global. La intención de Twitter fue proteger la seguridad pública. En realidad Twitter cerró la cuenta de Trump cuando este había perdido las elecciones y tenía en su contra la mayor parte de las instituciones del estado. Es decir, era un político defenestrado que había perdido el poder. Es evidente que esto no era una acción valiente sino un acto de sumisión al poder real, lo cual convierte a compañías como Twitter o Facebook en tentáculos del poder. No son el poder en sí mismas sino herramientas que se utilizan cuando son necesarias. Esta narrativa que coloca a las corporaciones por encima de los estados es parcialmente falsa. Algunas corporaciones están por encima de determinados estados porque tienen un estado fuerte, como Estados Unidos, que las ampara. Es un estado quien les da fuerza y pueden forzar la voluntad de estados menos poderosos con su ayuda. La excepción aparece cuando se tienen que enfrentar a estados poderosos como China. Entonces, cuando no pueden extenderse como ellas quieren hablan de censura.

Dorsey dice que si la gente no está de acuerdo con nuestras reglas y cumplimiento, simplemente puede ir a otro servicio de Internet. Esta afirmación se puede aplicar a las decisiones que toma China con respecto a evitar la implantación de empresas como Facebook y Twitter en su territorio. Si no te gustan las reglas de China, vete a otro país. Una gran parte de los medios occidentales no dejan de describir las prohibiciones como censura mientras que aplauden la decisión de cerrar la cuenta de Trump como una medida que protege a las democracias. Ambas son censura pero el cristal de las gafas con las que se mira es diferente según sean acciones protagonizadas por las democracias liberales o por regímenes políticos considerados antagonistas. Según la mitología occidental, nuestras democracias liberales son el paraíso de la libertad de expresión por lo que la idea de que existe censura es rechazada de raíz. Normalmente se construyen argumentarios que justifican la censura, responsabilizando a quien opina, cuente un chiste, cree una obra de teatro, escribe en un blog, tuitee, cante una canción o defiende el anarquismo. No es censura. Es defender a la sociedad, proteger la seguridad pública y blindar la democracia. No en vano el nombre oficial de la represiva ley mordaza es ley de protección de la seguridad ciudadana. Esta metamorfosis de la censura occidental es defendida sin fisuras por las instituciones de los estados, medios de comunicación y corporaciones. Cualquier cuestionamiento, aunque sea desde la evidencia, es tratado de forma condescendiente o visto como un ataque al estado de las cosas. Esto provoca que el debate sobre la libertad de expresión esté adulterado por la dificultad para llamar censura a lo que es censura.

Las contradicciones forman parte del ser humano pero si se refieren a los derechos y libertades estamos hablando de incumplimientos o violaciones. En el Estado Español existe libertad de expresión pero si criticas, te mofas o denuncias a la monarquía no existe libertad de expresión. Estas dos realidades conviven de forma esquizofrénica en la sociedad. Las opiniones políticas, bien sean expresadas por medio de la escritura o del arte, están amenazadas por la judicialización. Judicializar una opinión va más allá de la condena. Es un proceso de intimidación y de escarmiento dirigido a callar al disidente. Puedes salir absuelto, después de años de proceso judicial, o ser condenado a prisión. En ambos casos con un grave y profundo impacto psicológico. La medida es correctiva y va dirigida a domesticar al rebelde, además de mandar un mensaje a navegantes. Ten cuidado con lo que dices. Los grupos de la extrema derecha y fundamentalistas católicos utilizan las querellas criminales para amedrentar. Al igual que el estado. Estas prácticas de dominación se producen continuamente. Si no las vives en primera persona, eres testigo de lo que ocurriría si así fuera. Al final el resultado es cuidar lo que dices, lo que escribes, lo que cantas y lo que tuiteas. Los tentáculos del estado pueden ser las corporaciones y los medios de comunicación pero en muchos casos son las propias ciudadanas, que han asimilado las reglas del sistema.

Hablando de contradicciones nos encontramos con las personas que se encolerizan ante los ataques a la libertad de expresión de sus afines políticos pero a la vez participan de forma colectiva en acallar las voces que no les gustan. Twitter y Facebook están llenos de gente así. No entienden que sus acciones alimentan el poder del estado [a través de corporaciones, medios de comunicación, etc] para neutralizar opiniones. En Twitter la extrema derecha y la izquierda cercana a Unidas Podemos comparten estrategia. Tumbar las cuentas de los otros. Es un juego que puede ser entretenido, y da una sensación de acción colectiva, pero que no sirve para nada, porque los discursos racistas, antisemitas, machistas, terroristas o violentos no se neutralizan con juegos en las redes sociales. Como dice Halimi, no se busca contradecir a los adversarios, sino hacerlos callar. Si las corporaciones como Twitter son tentáculos del poder del estado, algunas usuarias de las redes sociales son tentáculos de estas corporaciones. No hace falta recibir una orden para ejercer censura. La tenemos instalada en nuestras cabezas. Esta alineación perfecta entre el estado, las corporaciones y las personas es uno de los grandes éxitos del sistema, que ya no necesita explicitar una orden sino dejar que sea ejecutada sin presión alguna.

Lo difícil es defender la libertad de expresión de aquellas personas con las que no estás de acuerdo. Incluso iría más allá. Defender que el estado no pueda poner en marcha los mecanismos de represión contra aquellas personas que exponen una opinión por el medio que deseen. Tus ideas me pueden parecer una mierda pero no participaré de la acción represiva por parte del estado. No la aplaudiré. No la celebraré. No diré que ha salido reforzada la democracia ni ninguna otra justificación que sirva para mantener la coacción y la intimidación estatal. Las democracias liberales utilizan los procesos judiciales, las condenas, las multas, la prisión y la violencia policial para encarcelar a la libertad de expresión en aras de, lo que decía Dorsey, proteger la seguridad pública. Nos dicen que hay ideas que son peligrosas pero, en realidad, solo aquellas que amenazan la inestabilidad del sistema. La desigualdad social, la corrupción, el machismo, el antisemitismo, el empobrecimiento gradual de la población, el racismo y la servidumbre laboral no lo son. Solo su denuncia es peligrosa. Señalar sus causas es peligroso. Señalar a los responsables es peligroso. Y hacerlo públicamente una temeridad. El estado con sus tentáculos nos aprisiona.

1.- GAFAM: Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft

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