Una de las dos Españas

Javier Sáenz Munilla*. LQS. Enero 2021

«Sólo cuando construimos el futuro tenemos derecho a juzgar el pasado» (Friedrich Nietzsche)

Nietzsche, escribió también que «el individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Porque ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo».

Cuando te diseñan y construyen el futuro sin preguntarte y no sólo no te rebelas, sino que lo aceptas y hasta aplaudes a cuatro manos, eres tan culpable como ellos. Y no te van a permitir que exijas cuentas pendientes ni siquiera que refunfuñes.

Este 27 de enero de 1939, hace ahora 82 años, Antonio Machado y su madre, Ana Ruiz, el hermano del poeta, José y su esposa Matea, cruzaron la frontera camino del exilio, dejando atrás la España que les heló el corazón.

¿Es la España de hoy tan radicalmente distinta, avanzada, justa, progresista, como aseguran?

En 1920, Miguel de Unamuno fue condenado en Valencia por el delito de injurias al Rey. En su editorial «La condena de Unamuno», la revista La Pluma, escribía: «En España se disfruta virtualmente de cierto número de libertades: a condición de no usarlas» (La Pluma fue una revista literaria auspiciada por Manuel Azaña y su cuñado Rivas Cherif).

Sobre la Justicia, en la misma época, escribió Antonio Machado una copla:

Dice el burgués: al pobre
la caridad, y gracias.
¿Justicia? No; justicias,
para guardar mi casa.
(Eran los «justicias», los guardias, los alguaciles de antaño)

Y en parecido sentido, si no en el mismo, Valle Inclán hace pronunciar a su Max Estrella en «Luces de Bohemia» las siguientes aseveraciones:

«España es una grotesca deformación de la civilización europea». «España, en su concepción religiosa, es una tribu del centro de África». «Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras…»

Disculpemos al pobre Max, que exprese así su dolorosa amargura. Ciego, moribundo y desesperado ante la mediocridad de aquella España, tan esperpéntica como real.

Pocos años antes, en Baeza, Antonio Machado escribió su «Poema de un día», subtitulado «Meditaciones rurales». En él transcribía poéticamente un diálogo de tertulia provinciana. Quizá la misma a la que él asistía, generalmente en silencio, en una rebotica de esa ciudad jienense, siendo catedrático de francés de su Instituto…

—Yo no sé,
don José,
cómo son los liberales
tan perros, tan inmorales.

—¡Oh, tranquilícese usté!
Pasados los carnavales,
vendrán los conservadores,
buenos administradores
de su casa.

Todo llega y todo pasa.
Nada eterno:
ni gobierno
que perdure,
ni mal que cien años dure.

—Tras estos tiempos vendrán
otros tiempos y otros y otros,
y lo mismo que nosotros
otros se jorobarán.

Así es la vida, don Juan.

—Es verdad, así es la vida.
—La cebada está crecida.
—Con estas lluvias…

Agradezco, por la selección y transcripción de estas perlas tan antiguas y tan actuales, al gran hispanista irlandés Ian Gibson, publicadas en la excelente biografía «Ligero de Equipaje. La vida de Antonio Machado«.

A los que no estén «al loro» de los eventos consetudinarios, quizá les parezca exagerada la comparación. Pero, a fe mía, que me recuerdan, con gran similitud, hechos bien presentes. Y lo de la tertulia, no me digan que no es genial. ¿A cuál de esas cargantes que se escuchan y ven en radios y televisiones se asemeja más?

* Más artículos del autor. Periodista y analista internacional. Miembro del Colectivo LoQueSomos. En Twitter: @pepitorias

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